Portada OpiniónLo que enseña la más reciente iniciativa del JP Morgan para apoyar las Small Business en USA

Lo que enseña la más reciente iniciativa del JP Morgan para apoyar las Small Business en USA

escrito por Luis Castillo
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Con el lanzamiento de la American Dream Initiative el 31 de marzo de 2026, JPMorganChase definió una ruta ambiciosa: extender su respaldo de 7 a 10 millones de pequeñas empresas mediante un fondo de casi US$80,000 millones proyectado a diez años, el despliegue de 1,000 banqueros especializados y asesoría sin costo para 115,000 emprendedores. Más allá de las imponentes magnitudes, la verdadera lección para El Salvador radica en su enfoque metodológico, estructurado a partir de cuatro decisiones clave de diseño.

1. Más que atención directa: desarrollo de un ecosistema colaborativo

Parte de los US$40 millones filantrópicos anunciados en mayo como parte de la iniciativa no fueron a las empresas, sino a prestamistas comunitarios y fondos locales, con la expectativa de movilizar más de US$500 millones. El banco aporta capital, escala y credibilidad; la relación con el empresario la conserva quien ya opera en territorio.

La banca corporativa, de consumo y de inversión está construida para otro cliente. Atender a la MYPE —y sobre todo a la informal— exige otra tecnología crediticia: flujo de caja en lugar de estados financieros, oficiales de crédito en campo, montos pequeños y ciclos cortos. Reconocerlo abre una oportunidad de reparto de funciones: la banca grande como fondeadora y garante; microfinancieras, cooperativas y banca especializada como capilaridad. El punto de partida: la microempresa representa el 2.69% de la cartera del sistema financiero y el 0.32% de la de la banca privada (Superintendencia de Competencia, datos a 2017). Hay un gran potencial de sinergia no aprovechada.

2. Suministro proactivo de tecnología en lugar de una espera pasiva

La iniciativa incorporó herramientas digitales gratuitas: Business Credit Journey, para consultar el puntaje crediticio del negocio sin consulta dura, y Customer Insights, con tendencias agregadas de ventas y clientes. El banco no espera que la pequeña empresa compre analítica: se la entrega.

El canal para canalizar esta oferta tecnológica en El Salvador está claramente delimitado. Los datos del informe El estado de la MYPE 2023 revelan que el 76.4% de los empresarios se conecta exclusivamente por medio del teléfono y que un 40.4% todavía no emplea canales digitales para realizar sus ventas —una proporción que llega al 49.8% en el segmento de subsistencia—. Bajo este escenario, el dispositivo móvil se transforma en la puerta de acceso más viable para introducir la inteligencia artificial, permitiendo ejecutar tareas de análisis comercial, administración y servicio al cliente a un costo marginal. Por consiguiente, los programas de capacitación y las soluciones tecnológicas deben estructurarse tomando como base el teléfono celular, que es la herramienta tecnológica con la que ya cuentan los empresarios.

3. La bancarización como base para el historial crediticio

Con el despliegue de 1,000 banqueros especializados en sus 5,000 sucursales, JPMorganChase dará respaldo a programas públicos de garantías y microcréditos. Este esfuerzo de bancarización va más allá de la simple apertura de cuentas, enfocándose en consolidar relaciones a largo plazo y en instalar capacidades de análisis.

Esta disparidad se evidencia también en el ahorro: la tenencia de cuentas bancarias apenas alcanza al 27.4% de los microempresarios de subsistencia, en contraste con el 79.8% observado en las pequeñas empresas. Ante la actual ausencia de registros formales, la apertura y el incentivo a mantener cuentas activas y el cumplimiento sistemático de ciclos crediticios se perfilan como las herramientas clave para construir dicho historial. La estrategia para abordar este desafío requiere acciones específicas: canalizar fondos de segundo piso hacia cooperativas y microfinancieras, implementar fondos de garantía estructurados para mitigar el riesgo inherente al sector informal, incentivos novedosos al ahorro e inversión local y consolidar sistemas de información crediticia que transformen el cumplimiento de pago en un respaldo de valor para el empresario.

4. El empleo se protege dentro de las cadenas de valor

Mediante una política de empleo sustentada en la integración productiva, el aspecto menos difundido de esta iniciativa vincula a los pequeños negocios con cadenas de suministro y contratos clave en sectores estratégicos como la ciberseguridad, la inteligencia artificial, la defensa y la manufactura. Una muestra de ello ocurrió en julio, cuando se destinaron US$24 millones en Filadelfia para dotar de capacidades y respaldar a un máximo de 100 pequeños proveedores del sector marítimo.

En El Salvador, la Mype constituye entre el 98% y el 95% del tejido empresarial y sustenta el 80.62% de los puestos de trabajo, de acuerdo con datos de la Política de Integración Económica para la Microempresa. Asimismo, las estimaciones más actuales desarrolladas por el Observatorio MYPE indican que este sector aportó, en promedio, un 48% al PIB durante el último trienio. Ante el avance de la automatización, cuyo impacto inicial recaerá en el empleo formal bajo relación de dependencia, la incorporación de las MYPE en las cadenas de valor se consolida como una de las estrategias de empleo con el mayor alcance y cobertura en el país.

La estrategia para las MYPE en El Salvador debe segmentarse de manera diferenciada: mientras que las unidades de acumulación pueden potenciarse mediante la adopción de inteligencia artificial, acceso a crédito de mediano plazo y asistencia técnica para integrarse en cadenas formales, las economías de subsistencia requieren un enfoque más integral que priorice la alfabetización digital, la educación y la protección social como condiciones previas esenciales antes de aplicar cualquier instrumento financiero.

La magnitud de US$80,000 millones ( que es el monto que destinará el JP Morgan) subraya la relevancia de las pequeñas empresas como motor de empleo en esta transición económica y muestra lo imperativo que es movilizar recursos aún mayores para alcanzar un impacto estructural. En este contexto, la prioridad para El Salvador debe ser la articulación estratégica de los actores que ya conforman su ecosistema: la banca pública y privada, las microfinancieras, los organismos de cooperación, CONAMYPE y la academia. Para impulsar a las MYPE con alto potencial, este esfuerzo conjunto debe ir más allá de las buenas intenciones y centrarse en resultados medibles: el flujo de financiamiento, la protección de empleos y la supervivencia de las empresas con mayor capacidad de crecer.

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