Las MYPE salvadoreñas arrancaron el 2026 con un panorama de señales mixtas: la confianza empresarial se sostiene en niveles históricamente altos, pero las expectativas sobre el desempeño de los negocios en los próximos meses son moderadas. El alza en el precio de los insumos y productos emerge como uno de los factores que más pesa sobre ese optimismo contenido.
El 44% de los empresarios afirma que el precio de sus productos ha aumentado durante el primer trimestre, el porcentaje más alto desde 2022, según el Informe Dinámica Empresarial MYPE del primer trimestre 2026 publicado por el Observatorio MYPE de FUSAI. Que el indicador vuelva a esos niveles merece atención, aunque por sí solo no permite identificar una causa única.
Detrás de ese dato hay múltiples factores posibles, pero uno de los más visibles en el contexto actual es el encarecimiento de los combustibles. No se trata solo de lo que cuesta llenar el tanque: cuando la energía sube de precio, ese incremento viaja a través de toda la cadena productiva y llega, tarde o temprano, al costo de los insumos que usan las MYPE para operar.
Una pista en esa dirección la ofrecen los propios datos del informe: el 17% de las MYPES reportaron escasez de mercadería durante el primer trimestre, de este porcentaje el 64% señaló como principal causa el encarecimiento de insumos clave, lo que sugiere que las presiones sobre los costos ya están afectando el abastecimiento de ciertos negocios.
El contexto internacional ayuda a entender parte de ese escenario. Las tensiones geopolíticas en Medio Oriente han afectado las rutas de suministro de petróleo y elevado los costos energéticos a nivel global. En El Salvador, eso se ha traducido en incrementos de entre $0.83 y $1.02 por galón desde la primera semana de enero a la primera semana de junio de 2026. En la zona central, la gasolina superior pasó de $3.83 a $4.74, la regular de $3.55 a $4.41 y el diésel de $3.42 a $4.44, según los precios de referencia de la Dirección General de Energía, Hidrocarburos y Minas. Estos números no bastan para afirmar que los combustibles explican por sí solos el repunte en la percepción de precios, pero sí permiten entender por qué cada vez más empresarios sienten que operar cuesta más: el transporte, el abastecimiento, las materias primas y una amplia gama de productos derivados del petróleo forman parte del día a día de casi cualquier negocio.



El impacto ya se siente en algunos negocios
Ese escenario tiene nombre y apellido en muchos talleres, tiendas y pequeñas industrias del país. Obett Cordero, propietario de una carpintería en Cojutepeque, cuenta que el golpe más fuerte no lo ha sentido en la madera sino en los materiales para acabados, que son derivados del petróleo. Un galón de base para pintura que antes costaba $36 ahora ronda los $45, y productos como thinner, esmaltes, reductores y catalizadores han registrado incrementos cercanos al 15%. Sus proveedores le atribuyen directamente esos aumentos al alza de los combustibles.
«Para un mueble grande se ocupan cinco o seis galones. Solo en ese producto el aumento ya representa un costo importante», explica. La madera nacional también ha subido, aunque en menor medida, lo que hace que el impacto acumulado sobre cada proyecto sea difícil de ignorar.

Obett
Microempresario
El problema se complica porque buena parte de sus trabajos fueron presupuestados antes de los aumentos. Ajustar precios no siempre es viable: en varios casos en que planteó esa posibilidad, los clientes optaron por cancelar o buscar otra opción. «Se queda uno atado de pies y manos y toca asumir el costo extra», resume. Es una tensión que muchas MYPE conocen bien: la diferencia entre el precio acordado y el costo real termina siendo absorbida por el propio negocio, reduciendo el margen sin que el cliente lo perciba.
Ante esa presión, Cordero encontró una salida en la forma de comprar. Dejó de adquirir thinner por galones y pasó a comprar barriles completos a un proveedor alternativo, lo que le genera un ahorro de cerca de dos dólares por galón. No es una solución estructural, pero ilustra algo importante: cuando los precios suben, reorganizar la cadena de compras puede marcar la diferencia entre sostener el margen o perderlo.
Estrategias para proteger el negocio
Roxana Girón, coach de la Escuela LID de FUSAI, sostiene que casos como el de Cordero reflejan una necesidad más amplia: las MYPE deben pasar de una gestión reactiva a una visión más estratégica de sus costos y su cadena de abastecimiento.
Cuando un insumo clave sube de precio, explica, la primera acción debería ser evaluar si es posible hacer compras anticipadas o adquirir mayores volúmenes para reducir el costo unitario. Pero esa decisión debe ir acompañada de una revisión más profunda del modelo de negocio. «Internamente siempre hay que revisar el modelo de negocio para identificar dónde invertir a menor costo para mantener los mismos precios o, si es necesario, realizar ajustes graduales», señala.
Girón también advierte que el alza de los combustibles no solo presiona los costos del negocio, sino que modifica los hábitos de compra de los clientes. Cuando los hogares enfrentan mayores gastos en transporte y servicios básicos, tienden a reorganizar sus presupuestos, postergando compras o reduciendo la frecuencia con que adquieren ciertos productos. Ese cambio en el comportamiento del consumidor puede traducirse en una caída de la demanda que afecte a las MYPE incluso antes de que decidan ajustar sus precios. Por eso recomienda revisar permanentemente la oferta, explorar alternativas más accesibles para clientes con menor capacidad de compra y fortalecer la relación con proveedores para negociar mejores plazos de pago, lo que permite ganar liquidez sin trasladar de inmediato los aumentos al consumidor final.
Esa misma lógica de anticipación resuena en el sector exportador. En un foro reciente, COEXPORT reunió a un centenar de empresarios para analizar cómo responder a las disrupciones del comercio internacional derivadas del conflicto en Medio Oriente. Su presidenta, Silvia Cuéllar, señaló que el entorno actual exige buscar abastecedores más cercanos, diversificar mercados y planificar compras con mayor anticipación, trabajo que, según indicó, muchas empresas ya están haciendo. Aunque el foro se orientó al universo exportador, sus conclusiones son aplicables a cualquier MYPE expuesta a shocks de costos externos: diversificar proveedores, fortalecer la gestión logística y monitorear el contexto global con mayor frecuencia dejaron de ser prácticas opcionales para convertirse en condiciones básicas de resiliencia empresarial.
Confianza alta, pero con cautela
A pesar del escenario descrito, el empresariado mantiene una visión positiva sobre el desempeño de sus negocios. El Índice de Confianza Empresarial MYPE cerró el primer trimestre de 2026 en 106.5 puntos. Aunque este resultado se ubicó 2.4 puntos por debajo del trimestre anterior, representa el nivel más alto registrado para un primer trimestre desde que inició la medición. Sin embargo, este optimismo convive con una actitud más cautelosa frente al corto plazo.
Ese matiz importa. El índice se construye a partir de la percepción actual de los empresarios y de sus expectativas para los próximos meses, por lo que su moderación puede anticipar decisiones más cautelosas en inversión, contratación y expansión. No es pesimismo, sino prudencia ante un escenario donde los costos suben, la demanda muestra señales de ajuste y el entorno internacional sigue siendo incierto.
«Los empresarios deben enfocarse en encontrar soluciones y no quedarse únicamente en el problema. Los cambios del entorno siempre van a existir; la diferencia está en cómo cada negocio responde ante ellos», afirma Girón.
La confianza se sostiene, pero el repunte en la percepción de alzas de precios indica que el margen de maniobra se estrecha. Las MYPE que logren anticiparse —revisando costos, diversificando proveedores y ajustando su oferta— estarán mejor posicionadas para mantener su rentabilidad si las presiones sobre los combustibles y los insumos continúan durante los próximos meses.