Desde hace años, El Salvador enfrenta un desafío complejo: la creación de puestos de trabajo locales y de calidad en las comunidades de residencia de la población. La clave para resolver esta interrogante se encuentra en las micro y pequeñas empresas, las cuales, aunque rara vez identificadas como tales, han demostrado su impacto a lo largo del tiempo en cada cantón y colonia del territorio nacional.
Un estudio de demanda laboral que formará parte de El Estado de la MYPE 2026 lo confirma con una cifra contundente: el 68.8% de las MYPE contrata a personas de su propio pueblo o de zonas aledañas. Casi siete de cada diez negocios emplean a alguien que vive cerca. La MYPE no es solo la columna vertebral del empleo nacional —el 70% del total—; es, sobre todo, el mayor empleador de proximidad del país: el que crea trabajo donde la gente vive y nace y lo mantiene ahí.
Un ejemplo concreto es Rusticanto, ubicado en el Salto de Malacatiupán, Ahuachapán. Su propietario, José Tito Ventura, explica que actualmente cuentan con 14 colaboradores, aunque en los días de mayor actividad pueden llegar hasta 18. “Lo más importante es que el 100% de ellos son del Cantón Río Frío; de hecho, ocho de mis trabajadores viven ahí mismo, dentro de nuestra propiedad”, señala.

Tito Ventura
Microempresario
Y por primera vez ese hecho tiene un instrumento de política a su medida. La reciente reforma a la Ley MYPE reconoce el carácter territorial del sector y manda a los gobiernos municipales a instalar Mesas Técnicas Representativas Locales: espacios de diálogo entre alcaldías, empresarios y organizaciones del sector para impulsar proyectos que dinamicen la economía en los territorios. La pregunta, entonces, deja de ser si la MYPE genera empleo local —los datos ya lo confirman— y pasa a ser una más productiva: cómo estas mesas pueden ayudar a que genere todavía más y de mayor calidad.
No todas las Mypes contratan igual, y generan el mismo tipo de empleo
Esa diferencia es, justamente, lo que una Mesa Local debe entender antes de actuar. La contratación local es más intensa entre las empresas formales, donde alcanza el 88.1%, y en el sector servicios, con un 76.2%. Un taller, una clínica, una barbería o un comedor dependen de mano de obra estable y cercana.
Para Ventura, contratar personas de la comunidad no responde únicamente a una necesidad operativa, sino también a una visión de desarrollo local. “Creemos en el desarrollo de nuestra gente. Dar empleo formal en una zona rural es un gran paso. Además, al vivir tan cerca, nuestros trabajadores tienen un sentido de pertenencia muy grande”, afirma.
Pero la mayoría de las MYPE del país no son formales ni de servicios de alto valor: son microempresas de subsistencia, informales, que generan en promedio cerca de un empleo por unidad, frente a casi seis en las empresas en expansión, según El Estado de la MYPE 2024. Cada una contrata poco; pero son cientos de miles. Su aporte al empleo local no viene de la intensidad, sino del número.
La propia reforma reconoció esta heterogeneidad al crear tres categorías legales —subsistencia, acumulación y expansión—, cercanas a la segmentación que el Observatorio MYPE emplea desde hace años. Es un avance: la ley ya admite que estos negocios no son iguales y no deberían recibir el mismo trato.
Hay, además, un eslabón que conviene no perder de vista. En El Salvador las mujeres poseen alrededor del 60% de las microempresas y generan el 54.2% del empleo del sector; las lideradas por mujeres emplean a una proporción mucho mayor de mujeres (65.5%), según El Estado de la MYPE 2024. Pero se concentran en los estratos más pequeños: cerca del 88% de las microempresas de mujeres son de subsistencia o acumulación simple. Dicho de otro modo, buena parte del empleo de proximidad del país se sostiene sobre su eslabón más vulnerable: la microempresaria de subsistencia que contrata a una vecina.
Detrás de cada punto porcentual hay una decisión concreta. Cuando una pequeña panadería de barrio que emplea a tres personas —todas del mismo cantón— logra crecer, el ingreso adicional se queda en la comunidad; cuando cierra, el desempleo también es local. Ese es, en pequeño, el circuito que una Mesa Local tiene el poder de fortalecer o de ignorar.
Ese vínculo entre crecimiento empresarial y empleo local también se observa en las temporadas de mayor demanda. “Cuando tenemos temporadas altas, nuestra capacidad de contratar aumenta. Esos espacios son oportunidades para que más personas de la zona tengan ingresos extra y estabilidad, ayudando directamente a sus familias”, comenta Ventura.
En este contexto, cómo puede una Mesa Local generar más empleo de proximidad. Lo que sabemos hasta hoy sugiere al menos cuatro líneas de acción concretas y de bajo costo:
1. Medir el empleo de proximidad, no solo contar negocios. El primer riesgo de cualquier instancia nueva es medir lo fácil en lugar de lo importante. Si la Mesa evalúa su éxito por el número de reuniones celebradas o de negocios registrados, perderá de vista su verdadero aporte. El indicador que importa es cuántos empleos locales se crean y se sostienen en el territorio. Levantar esa línea de base —cuántas MYPE hay, a cuánta gente de la zona emplean, en qué sectores— es la primera tarea, y es algo que la Mesa puede hacer con el apoyo técnico del ecosistema.
2. Diseñar segmentado: una palanca distinta para cada estrato. La misma reforma que creó las categorías obliga, en la práctica, a usarlas. Para las empresas de expansión y acumulación —sobre todo formales y de servicios, donde la contratación local ya llega al 88.1% y 76.2%— cada apoyo a su crecimiento se traduce casi directamente en más empleos de calidad en la zona; ahí la Mesa debe remover trabas a la expansión: acceso a mercados, encadenamientos, agilidad en trámites.
Sin embargo, sostener y ampliar ese empleo requiere resolver obstáculos concretos del territorio. En el caso de Rusticanto, Ventura identifica como principal limitante el mal estado de la calle de acceso. “Si el camino estuviera en mejores condiciones, sería más fácil atraer más clientes y organizar mejor la logística, lo que nos daría la seguridad necesaria para contratar a más personas de forma permanente”, explica.
Para la enorme base de subsistencia, en cambio, el empleo local se protege antes de multiplicarse: estabilidad de ingresos, integración en la actividad económica del municipio y programas amplios de acompañamiento y coaching empresarial prácticos y basados en desarrollo de habilidades prácticas para el trabajo y la gestión básica. Tratar a ambas igual desaprovecha el potencial de las dos.
3. Usar la demanda del propio municipio. La alcaldía no es solo reguladora: es compradora. Orientar una parte de las compras municipales hacia proveedores MYPE del territorio —alimentos, servicios, mantenimiento, confección— es uno de los multiplicadores de empleo local más directos y de menor costo que existen. La Mesa es el espacio natural para acordar metas de compra local, promover encadenamientos entre negocios vecinos y conectar a la MYPE con la demanda que genera el turismo, un sector en expansión en el país.
4. Del desplazamiento hacia la integración. El Estado de la MYPE 2023 ya advertía que los gobiernos locales habían concentrado su atención en programas de reordenamiento que favorecían a unas MYPE y afectaban a otras, en lugar de estrategias de desarrollo local que las integran. La Mesa ofrece un lugar donde ese enfoque puede cambiar: donde el reordenamiento urbano se acompaña de reintegración de los afectados, y donde la microempresa de subsistencia se ve como parte de la solución —empleo, arraigo, cohesión social— y no como un problema por resolver.
De la promesa a la realidad territorial
La reforma puso el instrumento sobre la mesa, literalmente. El empleo de proximidad ya existe en cada cantón. Lo que falta es la decisión de conectarlos: que las Mesas Locales no se limiten a reunir actores, sino que se propongan, con datos y metas claras, multiplicar el empleo que la MYPE ya genera en su propia comunidad.
En una frase, Tito Ventura resume el papel que una MYPE puede tener en su entorno: “Rusticanto es una oportunidad de trabajo estable y progreso para las familias de nuestra comunidad”.
El país antes se preguntaba cómo crear empleo local. Buena parte de la respuesta lleva años operando en el territorio con la MYPE. La tarea, ahora, es no desaprovechar esta gran oportunidad.