En El Salvador, solo el 4.28% de las micro y pequeñas empresas cumple simultáneamente con sus obligaciones de IVA, Renta, ISSS y AFP, y el 74.22% no tiene ningún tipo de registro formal, según el Informe Dinámica Empresarial MYPE del segundo trimestre de 2026 del Observatorio MYPE de la Escuela LID de FUSAI. Marisela, fundadora de Pupusería Lo Nuestro, pertenece a esa minoría que logró cruzar esa línea. Su negocio nació hace casi 18 años bajo un canopy que se inundaba cuando llovía; hoy es una marca registrada, con dos sucursales, sistema de facturación electrónica y 23 empleos donde nadie gana el salario mínimo.
De la champita a la marca
Marisela dejó un trabajo de oficina porque, cuenta, no soportaba pasar el día entre cuatro paredes. Con 500 dólares y el ejemplo comercial de su madre, abrió un pequeño puesto que apenas resistía la lluvia. Estuvo sola frente al negocio durante los primeros dos años y siguió al frente de la plancha durante cerca de trece años, cocinando personalmente cada pupusa mientras aprendía, poco a poco, a administrar.
La persistencia fue la primera decisión que le permitió que el exito llegase con el tiempo: abría todos los días a las cinco de la mañana, incluso cuando las ventas del día anterior habían sido nulas. «Si alguien me vio ayer y no me compró, hoy me va a comprar», repetía. En un momento decisivo, cuando el negocio no despegaba, decidió dar degustaciones de las pupusas a quienes pasaban frente al local. La apuesta funcionó y en poco tiempo el pequeño espacio de su negocio se convirtió en un punto de encuentro y la clientela creció hasta el punto de obligarla a buscar un local más grande cuando el dueño del terreno original le pidió que lo desocupara.
Ese salto no fue sencillo. Cuando inició en el nuevo local, aunque era más grande, ella solo tenía cuatro mesas para atender a sus clientes. Su mayor preocupación era que al cambiar de ubicación perdería buena parte de la clientela construida y tendría que volver a empezar. Aun así, el nuevo local terminó siendo el escenario de un crecimiento que antes no era posible, pasó de cuatro mesas a tener 25 que hoy llenan aquel local que antes estaba vacío.

Marisela
Microempresaria
Ordenarse para crecer
El punto de inflexión no fue una receta ni una ubicación: fue la decisión de ordenar su negocio.Inició con ordenar su gestión de negocio, a sus proveedores, los horarios de los empleados y a delegar funciones. Estos cambios abrieron la puerta para que más adelante ella pudiera registrar su marca; inscribirse ante el Ministerio de Hacienda, poner a sus colaboradores en planilla y adoptar un sistema de facturación electrónica con pedidos por tablet. Es un salto que la mayoría de las MYPE salvadoreñas todavía no da: el 76% de las microempresas del país opera en la informalidad, frenada por costos, falta de información o la complejidad percibida del trámite, según investigaciones del Observatorio MYPE.
La digitalización fue, además, su mayor diferenciador operativo. Mientras dos de cada tres empresarios MYPE operan únicamente en efectivo y apenas el 26.3% usa alguna herramienta digital, Lo Nuestro integró meseros con tablet, cocina con ticketera y control de inventario en un mismo sistema. «Antes llevábamos un cuaderno anotado; hoy todo queda ahí, y sabemos cuánto vendemos, qué se vendió más y qué no», explica Marisela. El cambio también le permitió delegar la caja y el control operativo, algo que describe como un respiro frente a cargar sola con cada decisión del día a día.
Formalizarse también le abrió las puertas para acceder a un crédito bancario, que antes de tener historial y facturas que mostrar, le fue negado varias veces. Solo después de haber ordenado sus registros logró que un banco confiara en el negocio y pudo invertir en equipo y expansión.
Marisela reconoce que el crecimiento va de la mano de la formación, es por eso que actualmente está cursando el MBA 1 de la Escuela LID de FUSAI y asegura que le ha servido para continuar ordenando su negocio, para mejorar el costeo y a tomar decisiones.
El precio del crecimiento
Marisela no presenta su historia como una línea recta de éxito. Reconoce que trece años concentrada en lo operativo —la plancha, las ventas, el negocio— tuvieron un costo personal alto. Tuvo a sus dos hijas a los 33 y 37 años, una decisión que atribuye directamente a priorizar el crecimiento del negocio sobre la maternidad temprana. «No me di cuenta a qué hora empezaron a caminar», dice sobre esos años. Su consejo a quienes emprenden, en especial a las mujeres, es aprender a delegar antes de que ese costo se vuelva demasiado alto.
Ese relato no es un caso aislado. En El Salvador, las mujeres lideran cerca del 60% de las microempresas, pero ese liderazgo convive con una carga que rara vez se cuenta: seis de cada diez empresarios MYPE dedican más de cuatro horas diarias a tareas de cuidado no remuneradas, y entre las mujeres esa cifra sube a cinco horas al día, según El Estado de la MYPE 2025 del Observatorio MYPE. Es la doble jornada que Marisela describe en carne propia, y que vuelve su consejo de delegar a tiempo tanto una lección de gestión como de cuidado personal.
Lo que viene
Hoy Lo Nuestro tiene una segunda sucursal en La Cima, presencia en plataformas de pedido a domicilio y una inversión mensual sostenida en redes sociales —TikTok, Facebook e Instagram— que, según Marisela, le ha traído clientes que nunca antes habían visitado el negocio. Su siguiente meta es expandirse a otros departamentos del país y, eventualmente, salir de El Salvador.
Para las MYPE que buscan crecer, la experiencia de Marisela no ofrece una fórmula universal. Formalizarse y ordenar el negocio implica costos reales de tiempo, dinero y trámites, que no todas las Mypes pueden asumir por igual. Además, no todos los negocios necesitan emitir facturas o contratar personal en planilla para sostenerse. Sin embargo, llevar un mejor control del inventario, calcular el costo real de los productos y establecer horarios claros son primeros pasos que permiten tomar mejores decisiones y, con el tiempo, impulsar el crecimiento del negocio.