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Lanzamiento del Cuarto Informe Anual «El Estado de la MYPE 2026: La otra cara de la economía»

escrito por Ana María Herrarte
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Hace unas semanas, durante el trabajo de campo del Observatorio MYPE, visitamos a Gladis de Carballo en su negocio. Ella tiene un taller de confección en la sala de su casa en Suchitoto. Allí trabaja y hace de todo, desde corta tela, atiende clientes por WhatsApp y empaca pedidos. Gladis nos dijo con orgullo que hoy se siente más segura y optimista que hace unos años, pero nos confesó su mayor frustración: «Ganas de crecer nos sobran; lo que nos falta es cómo ampliar el cuarto donde coso sin que el banco me pida imposibles, y dónde vender cuando cada vez hay más competencia». Hoy presentamos el informe «El Estado de la MYPE 2026: La otra cara de la economía», realizado en conjunto con FLACSO El Salvador, que traduce la voz de Gladis en evidencia nacional.

  • Este esfuerzo sistemático de investigación y este encuentro nacional no será posible sin la visión y el respaldo de aliados y patrocinadores fundamentales, a quienes agradezco profundamente:
  • Al señor Embajador de la Unión Europea, cuya institución y apoyo a través de la Iniciativa DINAMICA II reafirman el compromiso europeo con el desarrollo inclusivo de El Salvador.
  • Al presidente de CONAMYPE, Licenciado Paul Steiner, por su liderazgo en la articulación de políticas públicas y en hitos como la reciente reforma a la Ley MYPE.
  • Al distinguido equipo del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), por su firme respaldo financiero e institucional a las investigaciones y al desarrollo productivo de la región.
  • Al Gobierno de Alemania, a través del KfW, por el apoyo a través de la Iniciativa DINAMICA II que reafirman su apoyo en el desarrollo inclusivo de El Salvador.
  • A ACTEC de Bélgica, y muy especialmente por el apoyo incondicional de Daniel Turiel, cuya confianza ha sido un motor invaluable para nuestra labor.
  • A Fundación del Valle, y de manera muy especial a Belén Valenzuela, directora de Proyectos, por su cercanía, compromiso y apoyo constante a nuestras iniciativas de desarrollo.
  • A ONU Mujeres, por su respaldo estratégico para seguir visibilizando las brechas y potenciando el empoderamiento de las mujeres empresarias.
  • Y de manera muy especial a Banco Integral, por acompañarnos desde que se iniciaron estos informes; un aliado pionero sin cuyo apoyo constante esta serie de estudios simplemente no sería posible.

Quiero expresar también mi más sincero reconocimiento a nuestra casa: al Consejo Directivo de FUSAI, presidido por Mabel de Soundy, por su respaldo permanente; a Luis Castillo, promotor y fundador del Observatorio MYPE, cuya visión dio vida a este centro de investigación; y a todo el equipo interno de FUSAI y de la Escuela LID, por su rigor y entrega incansable.

El lanzamiento de este cuarto informe consecutivo va al centro de la razón de ser de la Escuela LID de FUSAI, especializada en Activación y Aceleración Empresarial. En nuestra Escuela creemos que no es posible transformar aquello que no conocemos suficientemente. Nuestra misión no es solo formativa; es catalizar el crecimiento de las MYPE con programas basados en datos confiables y un conocimiento profundo de su realidad.

Por eso, el Observatorio MYPE se ha consolidado como el principal esfuerzo privado sistemático en la historia del país para iluminar este sector en toda su complejidad. Hoy sabemos que en El Salvador existen al menos 925,815 MYPES, que constituyen más del 99% del parque empresarial y generan más de dos tercios de toda la ocupación nacional. CONAMYPE estima el número casi en un millón y medio.

El año pasado demostramos que las MYPE aportan el 48.8 % del PIB, y visualizamos el freno de la usura y la carga del trabajo de cuidados en las mujeres. Este año, la investigación nos permite dar un paso más: descubrir cosas que como país no sabíamos sobre cómo operan realmente las MYPES por dentro y qué piezas del ecosistema debemos fortalecer.

El informe que hoy presentamos nos deja un mensaje profundamente esperanzador, pero también un desafío que no podemos ignorar. Bajo la premisa «Ganas de crecer, un ecosistema por fortalecer» encontramos que en el segundo trimestre de 2026 la confianza empresarial de las MYPES alcanzó el nivel más alto desde que iniciamos la medición hace 25 trimestres (109.1 puntos en el ICE). Este optimismo récord coincide con un crecimiento económico del 4.8 %, el empuje de la construcción y el turismo, flujos elevados de remesas y niveles de violencia sustancialmente menores.

Lo más interesante es que ese optimismo está presente en todos los segmentos. Sin embargo, el estudio revela que tienen capacidades muy distintas para convertir esa confianza en resultados: mientras las pequeñas empresas registran un avance en ventas de +42.4 puntos, las microempresas de subsistencia presentan un saldo negativo de -10.4.

¿Qué explica esta brecha y qué necesitamos hacer para que las oportunidades lleguen también a los negocios más pequeños?

Permítanme destacar cinco grandes aprendizajes —cosas que no sabíamos como país— y los desafíos que nos plantean:

Primero, la hipótesis de la «saturación competitiva» en los barrios. Sabíamos que la competencia era el principal obstáculo (afecta al 42 % del sector), y planteamos como hipótesis la existencia de una saturación competitiva en los mercados locales, donde la proliferación de negocios similares no necesariamente crea nueva demanda, sino que podría estar fragmentando la clientela existente. Esto se refleja en que el 63 % de quienes la sufren lo atribuyen a la apertura de nuevos negocios en su misma zona ofreciendo exactamente lo mismo. Si bien el autoempleo cumple un rol vital, destacamos la necesidad crucial de profundizar en esta materia y continuar estudiándola e investigándola detalladamente a nivel local.

Esta concentración excesiva de oferta en espacios geográficos reducidos genera una presión constante sobre los márgenes de ganancia de los pequeños negocios, impidiéndoles acumular excedentes para reinvertir. Por ello, resulta fundamental diseñar estudios territoriales que mapeen la densidad comercial a nivel de colonia y barrio, permitiendo orientar las iniciativas de emprendimiento hacia actividades complementarias y diversificadas en lugar de insistir en mercados ya saturados.

Comprender esta dinámica resulta clave para evitar la canibalización de ingresos entre pequeños negocios y promover estrategias de diferenciación local.

Segundo, la primera medición de inclusión financiera desde la demanda (IMRSF). Por primera vez medimos cómo se relacionan las MYPES con el sistema financiero formal en una escala de 0 a 100. Descubrimos que la mitad de las MYPES (51.5 %) no tiene relación con ninguna institución formal y solo el 35.1 % está bancarizado. Pero el mayor aprendizaje es que entrar al sistema no basta: casi la mitad de quienes tienen crédito formal sienten que los plazos y cuotas se ajustan poco o nada a su negocio. Y un dato contundente: apenas el 3.5 % de las MYPES tiene una cuenta bancaria a nombre del negocio. Al mezclar las finanzas personales con las de la empresa, son evaluadas como crédito de consumo y no como unidades productivas.

Tercero, la MYPE como puerta del «primer empleo» y el trabajador polivalente. Una de cada tres MYPES espera contratar personal en los próximos doce meses. Lo que ignoramos como país es que, a pesar de tener apenas dos trabajadores en promedio, 4 de cada 10 MYPES tienen hoy entre su personal a alguien en su primer empleo.

Además, descubrimos que tres de cada cuatro contratarán trabajadores «para hacer de todo» (polivalentes), reclutados principalmente entre familiares (60,5 %) y vecinos (68,8 %). Y casi el 80% no asiste a capacitaciones externas porque siente que la oferta actual «no es necesaria» o no responde a su operación práctica. La MYPE es el alma de la economía local.

Cuarto, la «Casa-Taller» y la gran demanda contenida de crédito habitacional. Descubrimos que el 43.1 % de las MYPES —y el 50.4 % en el caso de las mujeres—utilizan su vivienda para trabajar. Para estas familias, la casa es hogar, patrimonio e infraestructura productiva. Pero casi la mitad siente que las carencias de su vivienda frenan su negocio. Y revelamos una cifra inédita: cerca de 344.000 MYPES (el 38,1% de la MYPE) necesitaban crédito para comprar, ampliar o mejorar su casa-taller por etapas y decidió no solicitarlo, principalmente porque creyeron que se lo negarían o por requisitos complicados.

Quinto, el impacto silencioso del calor extremo y la desprotección climática. Cerca de 6 de cada 10 MYPES fueron afectadas por problemas ambientales o climáticos en los últimos cinco años, pero descubrimos que el principal problema ya no son las tormentas, sino el calor extremo (26.9%), que reduce las ventas y daña la mercadería. Más revelador aún es cómo sobreviven a la emergencia: apenas el 1.5% usó un seguro, mientras que el 38.2% tuvo que endeudarse y el 15.1% se vio obligado a vender herramientas o activos de su propio negocio.

Estos resultados nos muestran que las necesidades de las MYPE no pueden abordarse de manera aislada. Y si hay una conclusión que quisiera destacar esta mañana, es que nuestro mayor desafío no es despertar el espíritu emprendedor del salvadoreño. Ese espíritu ya existe y hoy se muestra más optimista que nunca. Ellos ya hacen su parte: dan el primer empleo, invierten por etapas en sus casas y tres de cada cuatro ya reutilizan materiales por iniciativa propia.

Nuestro desafío es construir un ecosistema que se adapte a la escala real en la que operan las MYPE:

  • En mercados: No basta con dar crédito si no encuentran dónde vender; Necesitamos impulsar la asociatividad y conectarlas con las cadenas de valor de los sectores que hoy crecen, como construcción y turismo, para romper la saturación local.
  • En servicios financieros: Ofrecer cuentas de negocio simplificadas, pagos digitales y créditos cuyas cuotas se adaptan al flujo real de cada empresa, en lugar de esperar que todas se adapten a un mismo modelo.
  • En talento y empleo: Acercar formación breve, práctica y en el trabajo, pensada para trabajadores polivalentes, fortaleciendo esa puerta de primer empleo que las MYPES ya ofrecen.
  • En vivienda y resiliencia: Reconocer que invertir en la vivienda es invertir en productividad, creando financiamiento progresivo para la casa-taller, junto con microseguros y créditos de emergencia que protejan a las familias ante choques climáticos.

Desde la Escuela LID de FUSAI, reafirmamos nuestro compromiso de traducir esta evidencia en mejores programas de formación, activación y aceleración empresarial. Pero ninguna institución puede hacerlo sola.

Gracias nuevamente al apoyo de la Iniciativa DINAMICA II, un esfuerzo tripartito del Banco Centroamericano de Integración Económica, el Gobierno de Alemania —a través de KfW— y la Unión Europea, para la difusión de sus resultados y la realización de este evento. Y ACTEC de Bélgica y Banco Integral por hacer posible que la evidencia ilumine el camino.

No permitamos que este récord de confianza se quede solo en una expectativa. Porque el salvadoreño —como Gladis y cientos de miles más— ya tiene las ganas de salir adelante; lo que nos corresponde como instituciones y como sociedad es abrir las puertas para que esas ganas se conviertan en empleo, crecimiento y prosperidad para todo El Salvador.

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