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Durante los últimos cinco años, más de la mitad de las MYPEs agropecuarias ha sufrido sequías; un Súper Niño amenaza con repetirlo

escrito por PaísMYPE
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Este año, don Fidel perdió toda la cosecha de primera. En su parcela del cantón Morita, en el distrito de San Jorge, San Miguel Oeste, siembra maíz, frijol, tomate y chile, sobre todo para el consumo de su familia y otra porción para vender. “Ha sido una pérdida del 100% de las cosechas”, cuenta.

Su caso no es aislado. Según el informe El Estado de la MYPE 2026: La otra cara de la economía, del Observatorio MYPE de la Escuela LID de FUSAI, el 80.5% de las MYPE agropecuarias sufrió algún problema ambiental en los últimos cinco años. Entre las que enfrentaron problemas climáticos, el 15.1% vendió herramientas, maquinaria o animales para salir adelante. Ahora, la CEPAL advierte que un El Niño de intensidad muy fuerte podría golpear de nuevo al Corredor Seco en los próximos meses.

La sequía, principal amenaza del campo

Trabajar la tierra es, para don Fidel, una tradición familiar: “Esa ha sido nuestra herencia, nuestro patrimonio, toda la vida”. En la zona se siembran dos ciclos, la primera y la postrera. En el primero, el maíz no llegó a formar mazorca y el frijol no se dio por la falta de agua. Hoy intenta rescatar la segunda siembra, pero las lluvias no han sido suficientes.

Los datos del Observatorio muestran que esta experiencia es común en el sector. La sequía afectó al 17.8% de las MYPE del país, pero entre las agropecuarias el 80.5% sufrió algún problema ambiental o climático en los últimos cinco años.

La exposición también varía según el territorio. En la zona oriental, donde vive don Fidel, la sequía afectó al 68.2% y, a nivel nacional, alcanzó al 66.9% de los productores rurales.

Cuando una pérdida pequeña se convierte en un gran problema

Para una MYPE, perder $300 puede ser un golpe importante. Según el Observatorio MYPE, el 54.1% de los negocios afectados por eventos climáticos reportó pérdidas inferiores a esa cantidad. Aunque la cifra parezca modesta, puede representar una parte considerable de sus ingresos.

Por ejemplo, para una microempresa de subsistencia que vende $1,950 mensuales, perder $300 equivale a más del 15% de sus ventas de un mes. Para los negocios con menores ventas, el impacto puede ser todavía mayor.

Pero el problema no termina con lo que se pierde. La sequía también puede dejar al negocio sin ingresos para seguir funcionando. Casi siete de cada diez MYPE afectadas (68.6%) reportaron una caída en sus ventas. Una de cada tres (33.4%) sufrió daños en productos, insumos o mercadería, mientras que cerca del 15% tuvo que suspender temporalmente sus operaciones.

Detrás de estas cifras hay una realidad: para muchos pequeños empresarios, una sequía no solo significa perder una cosecha o parte de su mercadería, sino también quedarse sin los recursos necesarios para continuar trabajando.

Reponerse con lo propio

Don Fidel no se endeudó para sembrar. “La ventaja de nosotros es que es poquito lo que trabajamos”, explica. Trabajó con sus propios recursos, pero ese colchón tiene un costo: el dinero que guardaba para la siembra del próximo año lo usará ahora para comprar el maíz y el frijol que antes obtenía de su cosecha. A quienes trabajan con crédito, dice, les va peor: “Si los bancos no perdonan, es una situación bien difícil”.

El informe registra estas mismas tensiones. Para salir adelante, las MYPE agropecuarias afectadas recurrieron sobre todo a estrategias como préstamos a bancos o cooperativas (38.2%); el 15.1% vendió herramientas, maquinaria, animales u otros bienes y solo el 1.5% contó con un seguro.

Estas estrategias tienen efectos distintos en el tiempo. Una caída de ventas se recupera cuando vuelve la lluvia; un animal vendido, no. Cuando un productor vende una vaca, una bomba de agua o una herramienta de trabajo, obtiene liquidez inmediata, pero reduce su capacidad productiva para el siguiente ciclo. Algo similar ocurre con el ahorro destinado a la próxima siembra cuando termina usándose para comprar comida. El informe advierte que este tipo de decisiones puede comprometer la recuperación futura del negocio.

Sembrar con la esperanza

Don Fidel sabía que El Niño podía afectar la temporada. Sin embargo, explica que los pronósticos muchas veces no se cumplían, así que siempre arriesgaban sembrando. “Siempre se siembra con la esperanza de que se va a cosechar”, dice.

Protegerse tampoco es sencillo. En su comunidad, algunas organizaciones han construido reservorios de agua con membrana, con capacidad de unos 70 barriles, pero han llegado a muy pocas familias. La razón, según don Fidel, es económica: “Muchas veces no se hace porque no alcanza”.

El informe muestra que muchos productores tienen dificultades para protegerse. De cada 100 MYPE agropecuarias afectadas por problemas ambientales, 44 no tomaron ninguna medida de protección después de sufrirlos. Entre los negocios de subsistencia, son 50 de cada 100, mientras que entre las pequeñas empresas son 27.

La falta de apoyo también es un problema. Más de la mitad de las MYPE agropecuarias (52.5%) no ha recibido capacitación, asesoría ni crédito para enfrentar los problemas ambientales. Además, de todas las MYPE del país, solo el 8% ha conseguido financiamiento para comprar equipos o tecnologías que ayuden a proteger sus negocios.

Interés no falta. Don Fidel considera que la capacitación sería “muy importante”, por ejemplo para implementar parcelas agroforestales que combinen frutales y maíz. Su interés coincide con lo que reporta el Observatorio: el 57.9% del empresariado MYPE quiere capacitarse en temas ambientales. Sin embargo, solo el 14.6% estaría dispuesto a desplazarse fuera de su distrito.

Lo que viene: un nuevo riesgo para el campo y los negocios

El riesgo de una nueva sequía preocupa a los productores. Según los pronósticos citados por la CEPAL, existe más del 90% de probabilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante los últimos meses de 2026 y los primeros de 2027.

La CEPAL también recoge una estimación de la NOAA, que señala un 75% de probabilidad de que el fenómeno alcance una magnitud histórica entre octubre y diciembre de 2026.

¿Qué significa esto para los agricultores salvadoreños? Que podrían enfrentar otra temporada con poca lluvia. Según los datos de la FAO citados por la CEPAL, algunas zonas agrícolas y ganaderas del Corredor Seco tienen más del 70% de probabilidad de sufrir sequía en los próximos meses.

Pero las consecuencias podrían ir más allá del campo.

Don Fidel lo explica de manera sencilla: “El grano, si es que haya, va a tener un costo más elevado”. Si las cosechas disminuyen, los alimentos pueden encarecerse. Esto afecta tanto a las familias como a los pequeños negocios que necesitan comprar productos e insumos para trabajar.

La CEPAL también advierte sobre ese riesgo. Sus cálculos indican que un aumento de temperatura similar al registrado durante El Niño de 2023-2024 podría elevar la inflación de El Salvador en 0.64 puntos porcentuales. Dicho de forma sencilla, los precios podrían subir más de lo que subirían normalmente.

El organismo aclara que este cálculo no incluye las pérdidas causadas por la sequía, por lo que el impacto podría ser mayor. Los alimentos y la energía estarían entre los rubros más afectados.

Para las MYPE, esto representa un doble desafío: comprar más caro y enfrentar el riesgo de vender menos. De hecho, el Observatorio MYPE encontró que casi siete de cada diez negocios afectados por eventos climáticos sufrieron una caída en sus ventas.

Ante este escenario, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) desarrolla desde inicios de 2026 una estrategia de apoyo al sector. Entre las medidas anunciadas se encuentran la venta de insumos agrícolas a precios accesibles, créditos con tasas desde el 4% a través del Banco de Fomento Agropecuario y proyectos de riego junto con la Autoridad Salvadoreña del Agua.

La estrategia también contempla una producción temprana de más de 11 millones de quintales de maíz y cerca de un millón de quintales de frijol.

Estas acciones buscan reducir los posibles daños del fenómeno. Sin embargo, para los pequeños productores, el desafío sigue siendo contar con los recursos necesarios para prepararse antes de que llegue la sequía.

Anticiparse

La CEPAL señala que responder una vez declarada la emergencia suele ser considerablemente más costoso que prevenir. Entre sus recomendaciones destacan la alerta temprana, que permite ajustar fechas de siembra y asegurar reservas de agua, y la distribución anticipada de semillas tolerantes a la sequía y de ciclo corto.

El organismo también propone seguros climáticos, aunque como herramienta de los Estados y no de negocios individuales. Entre las MYPE, el seguro es casi inexistente: solo el 1.5% de las afectadas por eventos climáticos lo utilizó. Por eso, el Observatorio MYPE recomienda microseguros, incluidos seguros paramétricos de activación automática, junto con líneas de crédito formal de emergencia climática de montos pequeños y desembolso rápido. También propone cofinanciar mejoras de protección para las MYPE de subsistencia, priorizando a las agropecuarias, a las de la zona oriental y a las del área rural.

Los datos también indican que el financiamiento debe llegar antes de la sequía. El 38.2% de las MYPE afectadas se endeudó para enfrentar la emergencia, proporción que sube al 40.6% entre las agropecuarias. Cuando el crédito se obtiene durante la emergencia, suele destinarse a sostener la operación. Cuando llega con anticipación, puede orientarse a riego, semillas o almacenamiento, como el reservorio que don Fidel conoce pero no ha podido costear.

Mientras tanto, su plan es comprar un poco de maíz y guardarlo para el próximo año. El informe del Observatorio lo resume así: los negocios no se protegen por convencimiento, sino cuando invertir hoy en prevención les resulta económicamente favorable. Para don Fidel y miles de productores del Corredor Seco, la diferencia entre resistir un nuevo Niño o perder otra cosecha dependerá de que esos recursos lleguen a tiempo y de que la prevención de los productores sustituya la reacción tardía.

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