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Digitalizar no es bancarizar: lecciones de la MYPE sobre pagos y hábitos financieros

escrito por PaísMYPE
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En los últimos años, la conversación sobre inclusión financiera empresarial ha partido de una premisa aparentemente clara: digitalizar los pagos equivale a bancarizar. Bajo esta lógica, la expansión de transferencias electrónicas, POS y cuentas bancarias debería impulsar de forma natural el tránsito del efectivo hacia servicios bancarios digitales.

Sin embargo, la realidad de la micro y pequeña empresa (MYPE) revela un panorama mucho más complejo. En países en desarrollo como El Salvador, donde 9 de cada 10 empresas pertenecen al segmento micro y pequeño, el efectivo sigue siendo el principal medio de pago. Esta preferencia no ha cedido ante la reciente ola de tecnologías digitales; por el contrario, convive con avances tecnológicos que, según estudios del Observatorio MYPE, muchas veces no logran conectar con la realidad operativa del sector.

Luis Castillo, director del Observatorio MYPE, comenta: «Desde la perspectiva operativa, una MYPE altamente dependiente del efectivo enfrenta barreras reales para adoptar herramientas digitales que no están diseñadas para su escala, capacidades administrativas ni dinámica diaria».

En este contexto surge una pregunta clave: ¿el problema radica en la falta de adopción por parte de la MYPE o en la escasez de soluciones financieras diseñadas desde su realidad? La respuesta parece apuntar menos a una brecha tecnológica y más a una brecha de enfoque: la digitalización se ha promovido desde el producto, no desde la demanda, es decir la rutina diaria del “empresario de la calle”.

Pagos digitales: avances concentrados, adopción limitada

Aunque en la última década se han impulsado esfuerzos significativos para ampliar la oferta de herramientas digitales orientadas a la gestión financiera empresarial, su adopción dentro de la MYPE sigue siendo desigual. Según el estudio El Estado de la MYPE 2025 del Observatorio MYPE, solo el 26.3% de los empresarios utiliza herramientas digitales en sus operaciones financieras, mientras que el 73.7% del sector continúa operando principalmente en efectivo.

Entre quienes han dado el paso hacia los pagos electrónicos, instrumentos como Transfer365 y las transferencias bancarias tradicionales se han consolidado como los principales canales digitales. No obstante, este avance se concentra en una minoría del sector, lo que evidencia que la digitalización financiera no progresa de manera homogénea entre las MYPE.

El estudio revela que esta persistencia del efectivo no responde únicamente a una preferencia cultural o a la inercia del hábito. En la práctica, el efectivo sigue siendo un mecanismo funcional que permite a las MYPE un alto grado de control inmediato sobre su flujo de dinero. Bajo estas condiciones, los instrumentos digitales compiten en desventaja cuando no logran ofrecer beneficios claros frente a las necesidades diarias de operación.

Esta lógica se refleja en la experiencia cotidiana de los empresarios. Gustavo Gutiérrez, microempresario dedicado a la venta de productos lácteos, explica: «Yo preparo y vendo mi producto todos los días. Necesito el dinero en efectivo para comprar la materia prima —la leche— y elaborar el queso, la crema y el requesón; sin ese dinero no podría producir».

A partir de estas dinámicas, el informe sugiere que el desafío de la digitalización va más allá del acceso al sistema financiero. El problema central no parece ser únicamente un problema, sino de diseño de productos que no se adecuan hoy por hoy a la necesidad de este tipo de empresario, que es el mayoritario.

Existen diferencias marcadas según tamaño, nivel de formalidad y tipo de actividad económica. En muchos casos, aunque la cuenta bancaria existe —el 50.2% de las MYPE posee una—, esta no se integra de forma efectiva en la operación cotidiana del negocio.

Esta desconexión se expresa en el fenómeno del «cash-out» inmediato: las cuentas operan principalmente como canal de entrada de dinero, pero los fondos se retiran casi de inmediato para volver al efectivo. La infraestructura financiera está disponible, pero la digitalización no logra permear la cadena de pagos ni transformar los hábitos financieros del negocio.

El estudio añade un hallazgo relevante: en la MYPE de subsistencia, la adopción digital se da cuando las soluciones financieras funcionan desde el celular y responden a su realidad cotidiana y cercana. El amplio uso de los servicios de Tigo dentro de los empresarios de subsistencia es una muestra de que el problema no es de adopción, sino de diseño y posiblemente de rentabilidad, ya que lograrla a través de esta escala de operaciones tan pequeñas es muy difícil.  

Bancarizar desde la realidad de la MYPE

Los datos revelan que la digitalización y la bancarización no se consolidan por la sola existencia de oferta de servicios, sino por la percepción de utilidad, simplicidad y confianza en el uso cotidiano. Cuando los instrumentos digitales no reducen fricciones —en tiempo, costos o complejidad—, el efectivo sigue siendo, para la MYPE, la opción más funcional.

Esta lectura es consistente con un enfoque centrado en el uso. David Robles, experto en digitalización de la OEI, señala: «Enfocar la digitalización solo en el producto invisibiliza el factor clave: la MYPE adopta tecnología cuando esta se adapta a sus hábitos, no cuando exige cambiar su forma de operar».

David Robles

El caso de Pix, el sistema de pagos instantáneos de Brasil, resulta ilustrativo. En 2024, procesó 64 mil millones de transacciones —un crecimiento del 53% respecto al año anterior— y más de 165 millones de personas están registradas en la plataforma. Su adopción masiva no se explica por la sofisticación tecnológica, sino porque logró integrarse a la operación diaria de millones de pequeños negocios, ofreciendo pagos inmediatos, sin costo y operables desde el teléfono móvil. El contraste con El Salvador es revelador: mientras que en Brasil el uso de efectivo cayó de 83.6% en 2021 a 46.1% en 2024, en El Salvador el 73.5% de los microempresarios de subsistencia sigue prefiriendo el efectivo para sus operaciones.

Empresarios MYPE de subsistencia que operan principalmente en efectivo

Desde esta perspectiva, el desafío no es únicamente promover nuevos instrumentos financieros, sino repensar la estrategia de digitalización desde la realidad operativa de la MYPE. Para el segmento de subsistencia, la oportunidad está en diseñar soluciones móviles más simples, accesibles e interoperables, capaces de acompañar el tránsito gradual del efectivo hacia medios digitales compatibles con su escala y dinámica diaria.

Digitalizar no es necesariamente bancarizar. Mientras las soluciones financieras no satisfagan las necesidades granulares de efectivo de estos empresarios, la digitalización seguirá siendo más una aspiración que una realidad para la mayoría de las Mype.

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