Fotografía: María Morales
“Yo no pensé en emprender; pensé en resolver una necesidad”, recuerda Rosmary Muñoz, propietaria de La Casita de Eli, al hablar de los primeros meses cuando puso a andar su empresa. Su familia buscaba servicios de estimulación temprana, pero no encontró opciones. “Los lugares estaban lejos y el costo no era solo la mensualidad, sino también el transporte, el refrigerio y otras cosas”. Esa experiencia la empujó a empezar por su cuenta La Casita de Eli para brindar servicios de cuidado para niños con necesidades de estimulación temprana. Con el tiempo, su proyecto creció: “Comenzamos con menos de 60 niños y ahorita tenemos 102”.
Su historia conecta con una señal contundente: los servicios de apoyo a familias que cuidan a personas dependientes —desde bebés y niños pequeños que necesitan estimulación temprana o terapias de motricidad, hasta personas mayores o con discapacidad que requieren asistencia y acompañamiento— son una necesidad que poco a poco va encontrando respuestas. Los datos del Informe El Estado de la MYPE 2025 muestran que 51.2% del empresariado de la micro y pequeña empresa (MYPE) mira oportunidades en este sector y 25% está dispuesto a incursionar.

Para Lourdes González Prieto, representante de ONU Mujeres en El Salvador, esa brecha tiene una explicación: la creciente disposición a invertir “está muy vinculada a señales públicas claras, como marcos normativos, incentivos y mecanismos de certificación que demuestren que existe un mercado estable”. Rosemary lo vivió desde la práctica, sin nadie que le abriera el camino. Ella quería instalar “solo una zona de juegos” para estimulación de niños y niñas, pero el mercado le habló rápido: “las necesidades la llevaron a ampliar su visión”. Otras familias que se enteraron de la iniciativa que tuvo para atender a su propia hija la buscaron para que brindara apoyo a niños dentro del espectro autista, con déficit de atención, hiperactividad, problemas de lenguaje o conductuales. “En un inicio, yo comencé con un gimnasio para niños… [que pasó] a convertirse en un centro de atención integral”. La pregunta es simple: si el interés existe, ¿qué está frenando la decisión de emprender?
La necesidad existe, la oferta es insuficiente
La oportunidad se entiende mejor cuando se miran de cerca los resultados del estudio del Observatorio MYPE. Solo 18.8% de los empresarios MYPE cuenta con un servicio de cuidado cercano a su vivienda o lugar de trabajo. Dicho de otra forma: más de ocho de cada diez personas que lo necesitan no cuentan con opciones cerca de su lugar de vivienda. Esto brinda una pista de por qué, aun con una alta demanda, el mercado parece no terminar de despegar.
Las barreras para emprender este tipo de servicios también están claras. La principal es la preferencia por mantener el cuidado dentro de la familia o con alguien de total confianza (38.5%). Le siguen el alto costo (38.1%) y la falta de oferta cercana (13.5%).

Para Lourdes González Prieto, esta dinámica podría deberse a raíces culturales profundas. “Cuando el cuidado se mantiene dentro del hogar y no es reconocido ni remunerado, se refuerza la idea de que no es productivo”, afirma. Lamentablemente, esto, además de reducir el tiempo disponible para trabajar o emprender —especialmente de las mujeres—, desincentiva la creación de empresas de cuidado porque la demanda remunerada parece inestable. Esto no solo reduce la oportunidad de que se brinden servicios adecuados a las personas que los necesitan, sino que también reduce el espacio para que surjan negocios y mantiene débil la demanda pagada.
En el terreno, Rosemary confirma esa tensión entre necesidad y acceso. “A nuestra empresa vienen muchas familias con niños con diagnóstico de autismo que son de escasos recursos económicos”, explica. Requieren un servicio más personalizado, “más especializado”, pero muchas veces no pueden pagarlo. “En esos momentos tengo que ver la manera de mantener la calidad de mi servicio… y al mismo tiempo poder adecuarlo a las necesidades y posibilidades de la familia”.
En paralelo, las necesidades más mencionadas por el empresariado para los servicios de cuidado marcan un mapa directo de oportunidades: guarderías (46.2%), atención a personas mayores (30.7%), apoyo psicológico (29.4%) y manejo de enfermedades crónicas (22.4%). Estos datos sugieren que, donde la demanda es constante y la oferta aún es insuficiente, el desafío para las MYPE no es inventar un mercado, sino encontrar la forma de hacerlo accesible, confiable y sostenible.
Envejecer cambia las reglas del mercado
El cuidado no crecerá solo por una tendencia cultural: crecerá por demografía. El país está envejeciendo más rápido de lo previsto: según el censo salvadoreño de 2024, 14% de la población ya supera los 60 años y, al sumar a quienes están entre 50 y 60, el grupo llega a 25%. Eso significa una demanda creciente de apoyo para acompañamiento, trámites, salud, movilidad y cuidados continuos.
Lourdes González Prieto insiste en que el cuidado debe entenderse en sentido amplio: “No se limita al cuidado infantil; abarca también la atención a personas mayores, a personas con discapacidad, el trabajo doméstico y el derecho al autocuidado”. Y advierte que, con estas tendencias, aumentará la demanda de servicios como atención domiciliaria, centros diurnos, rehabilitación o teleasistencia, siempre que existan condiciones para que el mercado sea confiable y sostenible.