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La industria editorial MYPE que no vemos

escrito por Miguel Huezo Mixco
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Mesa de lectura en una biblioteca rodeada de estanterías llenas de libros, símbolo de la industria editorial y el conocimiento

Hay un sector que podría empujar la economía creativa del país… si tan solo lo miráramos. La industria editorial salvadoreña existe, pero no aparece en ninguna fotografía estadística. No sabemos cuántos son, qué producen, qué venden, cuánto emplean, ni qué capacidades tienen o necesitan. Una paradoja que el país conoce demasiado bien: una actividad real, operando en silencio, pero invisible para la política pública.

Lo que sí sabemos —gracias a los estudios del Observatorio MYPE y a los análisis de digitalización en industrias creativas de la OEI— es que esta invisibilidad no es casual; es estructural. La mayoría de micro y pequeñas empresas creativas en el país se mueve en un terreno donde la presencia digital ha avanzado más rápido que la capacidad de operar digitalmente. La vitrina está modernizada; el taller, no tanto.

Las brechas a superar

Los últimos estudios del Observatorio MYPE sobre digitalización empresarial, sumados a las tendencias regionales analizadas por la OEI, revelan una constante: la MYPE suele adoptar primero la parte más visible de la transformación digital (redes sociales, catálogos, vitrinas digitales), pero postergan —o no tienen acceso— a herramientas que permiten vender, cobrar, exportar o registrar su producción.

La industria editorial no es la excepción. En ella se repite exactamente la brecha que el Observatorio ha documentado en sectores productivos y comerciales: mucha presencia, poca operación; mucha visibilidad, poca integración tecnológica.

Es aquí donde se vuelve evidente la necesidad de un sistema nacional de información del libro. Sin datos básicos —como los que el Observatorio levanta en otras áreas productivas—, este sector está condenado a la informalidad estadística y a la irrelevancia económica.

Papel y digital: una competencia falsa

La OEI ha mostrado en diversos estudios regionales que las industrias creativas más dinámicas no eligieron entre lo digital y lo físico: combinaron ambos. A nivel global, los audiolibros crecen, los libros electrónicos se estabilizan y la impresión bajo demanda permite competir sin grandes inventarios. Mientras tanto, el libro físico conserva un valor cultural fuerte, especialmente en países donde la lectura aún es una práctica ritual más que utilitaria.

El Salvador tiene ahí una oportunidad: la preferencia por el papel sigue viva, pero puede complementarse con modelos híbridos que multiplican el alcance sin multiplicar los costos.

¿Qué debería ocurrir para que la industria editorial deje de ser invisible?

1. Crear un sistema nacional de información del libro

Similar a los observatorios sectoriales que ya existen en educación, cultura o desarrollo económico. Debe registrar producción, ventas, empleo, tirajes, exportaciones y perfiles empresariales. Sin medir, no se puede modernizar.

2. Articular servicios compartidos para MYPE editoriales

El Observatorio MYPE ha documentado cómo los servicios compartidos reducen costos y elevan calidad en sectores como agroindustria, comercio o manufactura liviana.
La misma lógica puede aplicarse al libro: maquetación, diseño, ISBN, trámites y acompañamiento técnico.

3. Formación especializada y accesible

Los estudios de la OEI insisten en que la brecha de habilidades digitales es uno de los principales obstáculos para la industrialización cultural.
Se necesita formación en metadatos, modelos híbridos, comercialización digital, plataformas de venta, impresión bajo demanda y gestión de derechos.

4. Herramientas de pago y distribución pensadas para MYPE

El Observatorio MYPE ha mostrado que uno de los principales cuellos de botella para la exportación MYPE es la dificultad para cobrar y enviar. La industria editorial necesita exactamente eso: plataformas de pago internacional accesibles, logística integrada y tarifas razonables.

5. Estímulos para digitalizar catálogos

No se trata de subvencionar libros; se trata de incentivar modelos de negocio editoriales que permitan que un catálogo salvadoreño compita globalmente.

El país tiene talento; le falta visión estadística. La industria editorial salvadoreña no necesita romanticismos. Necesita exactamente lo que el Observatorio MYPE propone desde hace años para otros sectores: datos, articulación, capacidades y política pública basada en información confiable.

Porque mientras no la midamos, seguirá ocurriendo lo más absurdo: producimos libros, pero no tenemos industria; tenemos talento, pero no tenemos estructura; y tenemos mercado, pero no sistemas de gestión.

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