Ana María Herrarte
La semana pasada un amigo me envió una entrevista que me dejó reflexionando. En el podcast de Jon Hernández, el científico Josep M. Martorell Rodon, hablaba sobre inteligencia artificial, pero no desde el ángulo habitual, sino desde el concepto de los “agentes”.
Hubo una afirmación que me impactó profundamente: el acceso a esta tecnología es el mismo para una micro o pequeña empresa (MYPE) que para una gran corporación. Porque hoy, la mayoría de estas herramientas funcionan en la nube, bajo modelos de suscripción.
Por primera vez en mucho tiempo, la ventaja competitiva no está en el tamaño de las empresas… sino en la mentalidad.
Estamos entrando en lo que los expertos llaman IA agéntica: una nueva etapa en la evolución de la inteligencia artificial. Hasta ahora, la mayoría hemos interactuado con sistemas que responden preguntas. Un agente, en cambio, recibe un objetivo y ejecuta acciones para cumplirlo. Hace cosas.
Por ejemplo: “Dar seguimiento, con respuestas automatizadas, a consultas recibidas por WhatsApp”. Un agente podría: dar seguimiento a una base de clientes. Identificar clientes sin respuesta. Redactar mensajes personalizados. Enviarlos. Registrar las respuestas. Generar un informe para gerencia. No paso a paso. No esperando instrucciones cada minuto. Sino trabajando con autonomía dentro de parámetros definidos.
Eso es IA agéntica: sistemas que perciben, deciden y actúan.
Considero que esto debería interesar a las MYPES, que constituyen la mayoría del tejido empresarial en el país (99%). Porque la mayoría de estas empresas comparten tres limitaciones estructurales: 1.Poco tiempo gerencial. 2.Recursos humanos limitados. 3.Procesos operativos altamente dependientes de personas clave.
Un agente de IA no sustituye el criterio del empresario. Sustituye tareas repetitivas que consumen energía estratégica. Y cuando en una MYPE se libera tiempo del dueño, se libera capacidad de pensar.
Por eso, si usted dirige una MYPE, considere estos pasos:
1. Empiece por un problema concreto, no por la herramienta. Pregúntese:
- ¿Dónde estamos perdiendo ventas por falta de seguimiento?
- ¿Qué tareas repetitivas consumen más horas al mes?
- ¿Qué errores se repiten por exceso de carga operativa?
2. Ordene antes de automatizar.
La IA no corrige el desorden, lo amplifica. Si la información está dispersa o desactualizada, el resultado será mediocre. El 76% de las MYPES, de acuerdo al Observatorio MYPE, opera de manera informal, lo que dificulta llevar un control. Por tanto, preparar la casa es parte de la transformación.
3. Busque asesoría estratégica.
Sí, muchas MYPES necesitarán apoyo externo. Datos recientes del Observatorio MYPE revelan que el uso de inteligencia artificial aún es marginal: apenas el 5.9% de las MYPE reporta utilizar IA en su negocio.
Pero no busque únicamente a alguien que “sepa de tecnología”. Busque a alguien que entienda procesos de negocio. En algunos casos será un consultor, en otros una cámara empresarial o programas de acompañamiento para la MYPE, como la Escuela LID.
Un buen asesor primero preguntará cómo funciona su empresa. Después hablará de herramientas. La MYPE se caracteriza por ser heterogénea: una receta no aplica para todos. Es necesario entender cómo funciona cada empresa y adaptar las soluciones.
4. Capacítese usted mismo. Este punto me parece no negociable.
En 2019 tuve la oportunidad de cursar un Diplomado en Business Intelligence. Ahí comprendí que la Transformación Digital no era una tendencia pasajera, sino una dirección inevitable. Incluso tomé la decisión de fundar un Instituto de Transformación Digital para preparar a empresas y profesionales, porque sabía que la capacitación sería un elemento clave. La pandemia alteró esos planes.
Pero la convicción permanece. Hoy, más que nunca, capacitarse no es opcional. Es un acto de responsabilidad empresarial. El empresario que no entiende mínimamente estas tecnologías dependerá completamente de terceros. Y depender sin comprender es un riesgo estratégico.
Esta es una realidad en la MYPE. Estudios del Observatorio MYPE muestran que, conforme aumenta el nivel educativo del empresario, también tiende a aumentar el nivel de digitalización en su empresa.
5. Mida el impacto.
No implemente por moda. Implemente con indicadores claros: ¿Se redujeron tiempos de respuesta?¿Aumentó la tasa de cierre de ventas? ¿Disminuyeron errores administrativos?
No estamos ante una herramienta más. Estamos ante un cambio estructural en la forma de operar las empresas. El mayor riesgo hoy no es equivocarse implementando inteligencia artificial. El mayor riesgo es subestimarla.
Por varios años he estado insistiendo en mis conferencias y seminarios que “no se puede hacer el trabajo de ahora con los métodos de ayer y seguir en el negocio mañana” y ahora esto no tiene discusión. También me gusta usar la frase “cuando sabíamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas”.
Y la pregunta ya no es si puede acceder a esta tecnología. De hecho, para 2025 casi la mitad de las MYPE (49.3%) reporta haber iniciado algún proceso de digitalización en su empresa, aunque principalmente en actividades comerciales.
La pregunta no es si la IA llegará a su empresa. La pregunta es si cuando llegue, usted estará preparado para liderarla. La pregunta es si está dispuesto a capacitarse para liderar su empresa en esta nueva etapa. Las preguntas son: ¿Por dónde empiezo? ¿Qué riesgo corro si no hago nada? ¿Cómo lo integro sin desordenar la empresa?
Porque la IA no va a esperar.