Portada OpiniónEl costo invisible que hunde a las mujeres emprendedoras en la pobreza

El costo invisible que hunde a las mujeres emprendedoras en la pobreza

escrito por Luis Castillo
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Retrato de un hombre de cabello canoso y corto, con gafas, vestido con saco azul marino, camisa celeste y corbata azul claro. Sonríe levemente mientras posa frente a un fondo blanco liso. La imagen tiene un estilo formal, tipo fotografía institucional o profesional.

María se levanta temprano a las 4:30 am y trabaja durante 12 horas diarias, pero solo entre 5 y 6 horas resultan productivas Las otras 5 horas se dedican al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, que absorbe su tiempo productivo: preparar alimentos, lavar uniformes, ayudar con tareas, cuidar enfermos. Horas que no cotizan, no facturan, no existen para el sistema económico, pero sin las cuales su negocio de pupusas —y su familia— simplemente desaparecerían. 

Esta realidad afecta al 55% de las empresarias MYPE salvadoreñas, quienes según el Observatorio MYPE de la Escuela LID de FUSAI, invierten más de 150 horas mensuales en trabajo de cuidado sin compensación económica. Esta es otra dimensión de la economía invisible que sostiene al país: una doble jornada no reconocida donde ellas mantienen funcionando hogares y negocios simultáneamente.

55%


de las empresarias MYPES salvadoreñas invierten más de 150 horas mensuales en trabajo de cuidado sin compensación económica.
Fuente: Observatorio MYPE de la Escuela LID de FUSAI

Los números exponen una realidad contrastante: las mujeres empresarias invierten el doble de tiempo que los hombres en trabajo doméstico y de cuidado —5 horas diarias frente a 2.5 horas de los hombres—. Esta disparidad no es solo una cifra estadística; es una barrera económica que las mantiene atrapadas en ciclos de subsistencia. Para las microempresarias estas horas representan al menos US$100 mensuales que nunca llegan a sus bolsillos, comprometiendo severamente su capacidad de reinversión y crecimiento.

El perfil de máxima vulnerabilidad tiene rostro: mujeres con baja escolaridad y jefas de hogares monoparentales que pierden 4.55 horas productivas diarias. Valorando este tiempo al salario mínimo, enfrentan pérdidas mensuales de US$82 que consolidan su exclusión del sistema formal. No es casualidad que el 51% de estas empresarias hayan extendido sus jornadas laborales a 12 y 14 horas, mientras otras han tenido que rechazar clientes o pedidos para cumplir con responsabilidades familiares domésticas y de cuidado.

El valor oculto de una economía paralela

Paradójicamente, este trabajo invisible es esencial para la economía de la mayoría de las familias del país. Tres de cada cuatro empresarios que reciben apoyo de un familiar en el cuidado no lo compensan monetariamente, naturalizando un subsidio silencioso que mantiene funcionando miles de negocios. Sin ese aporte, la capacidad de crecimiento y la estabilidad del sector se resentirían. El volumen equivale a unos 100 mil empleos de tiempo completo que operan sin valoración ni protección.

La evidencia revela una oportunidad latente: el 46% del empresariado MYPE identifica las guarderías como prioridad urgente, mientras que el 51.2% visualiza posibilidades de incursionar en servicios de cuidado. Sin embargo, las barreras de financiamiento (58.9%) y capacitación (51.5%) mantienen este potencial congelado. El mercado existe y la demanda es clara, lo que representa una oportunidad estratégica para una respuesta institucional efectiva que libere este potencial latente.

Rutas hacia la transformación productiva

La experiencia internacional demuestra que reconocer el cuidado como infraestructura económica esencial es una inversión rentable. A partir de esta evidencia, pueden identificarse tres rutas de transformación con alto potencial:

Primera, implementar programas de apoyo directo mediante vales o subsidios para servicios de cuidado, priorizando empresarias de subsistencia y jefas de hogar. Esto no sólo liberaría tiempo productivo inmediato, sino que maximizará el retorno social entre las familias más pobres.

Segunda, impulsar el emprendimiento formal en el sector cuidado a través de micro-franquicias escalables y sistemas de certificación nacional. Un marco regulatorio adecuado podría transformar una necesidad en oportunidad empresarial, generando empleo digno mientras se resuelve una demanda estructural.

Tercera, crear redes municipales de cuidado mediante colaboración público-comunitaria, adaptando horarios a las realidades productivas locales y generando espacios seguros que permitan a las emprendedoras concentrarse en hacer crecer sus negocios.

Liberar el potencial productivo

Si María pudiera dedicar más horas a su negocio, El Salvador ganaría algo más que ventas: sumaría productividad y un desarrollo más inclusivo. Reconocer el cuidado como infraestructura económica no es solo equidad de género; es una inversión estratégica para liberar el potencial de miles de emprendedoras que hoy sostienen, desde la invisibilidad, la mitad de nuestra economía 

Cada tarde que ella cierra temprano su negocio, El Salvador pierde más que ventas: pierde trabajo productivo y crecimiento compartido. Si bien el gobierno debe asumir su parte, es la sociedad la que puede hacer mucho más para lograr la solución. Las empresas ancla que ya compran a MYPES pueden integrar servicios de cuidado en sus programas de proveedores, y las instituciones financieras que ya las atienden pueden crear productos que contemplen estas necesidades de cuidado. 

El gobierno debe articular la estrategia, pero el sector privado y la sociedad pueden empezar hoy mismo. Así, las MYPE no tendrán que elegir entre crecer y realizar trabajo doméstico. Cuando las empresarias pierden, perdemos todos: talento, productividad y la oportunidad de construir una economía que aproveche todo su potencial.

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